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Texto Manuel Teira

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Talla de Ricardo Dávila

La comarca del Barbanza, está rayando los límites del Fin del Mundo, recostada sobre las últimas playas de Occidente, en definitiva, estamos muy lejos de casi todo, y muchas de las veces nos habita esa melancolía de las néboas y de los inviernos infinitos. Pero de vez en cuándo, por estas tierras suceden milagros, y algunas veces aparece la luz, y los astros nos protegen y nos brindan la alegría de las sorpresas.

Este mes de Agosto, fue un mes rico culturalmente y humanamente, como muy pocos, los amantes del arte, pudimos admirar esa magnifica exposición de esculturas de Ricardo Dávila, nos resulta muy difícil de ver por estes territorios una exposición de este nivel. Cuando uno entra en la sala, sepa o no de arte, la atmósfera que rodea la obra abraza al visitante y avanzas un paso más cara ese estado dónde una fuerza psicológica que uno no conece, te habla,y te sientes poseído por la propia obra ya en el otro extremo, onde las tallas dejan de respirar. Pero para que un artista de la dimensión de Ricardo Dávila, llegara hasta ahí, a construir esa obra excepcional, está todo un camino, un camino que lo convirtió en un ser humano cargado de una enorme cultura y de una humanidade que, como su obra, emana magia por los cuatro costados, con una personalidad arrolladora que te seduce y te transporta, y de la que no tengo palabras para poder definir en estas breves letras. Lo cierto es, que este mes de Agosto, Ricardo Dávila nos trajo el orgullo y nos brindo desinteresadamente su humanidad inmensa, y revoluciono el mundo de la cultura en el Barbanza, dejándonos para simpre prendidos de su magia. Gracias Ricardo, por tú luz…

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Grupo de amigos del escultor el día de la inauguración en na Casa de Raquel Soler en A Pobra do Caramiñal

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