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"Los pies en la tierra": mi imagen reflejada en el remanso de una fuente contaminada.

“Los pies en la tierra”: mi imagen reflejada en el remanso de una fuente contaminada.

En este espacio, en este VIAJE que comienza, aquí y ahora, aflora la primera contradicción: no veo imágenes, ni símbolos. Veo un trance, una experiencia, compartir y expandir, esparcir. Una nueva mirada, una insomne ceguera, un desvelo. Telones cayendo uno tras otro, madejas desmadejadas sin hilo, nudos sin deshacer hasta llegar a SER.

Aprender

a ver

el mundo

desde otra torre o desde otra cueva

más nítida

conmovedora y conmovida

A palpar en carne viva lo que significa ser humano, y cómo serlo.

A preguntarse indefinidamente en qué consiste el viaje, la tarea, ese sutil deambular, la estela personal que dibujamos a nuestro paso. Ese rastro, diferente, que cada uno traza al habitar el mundo.

Arte y conciencia nace de dos necesidades: la de crecer creando, o crear creciendo. La de realizar un viaje, la de atravesar la selva del proceso artístico, que a veces muta en páramo para bendecir y enriquecer la orografía del mundo, el nuestro y el de los otros.

SI-SER o NO-SER la turista que observa el paisaje con mirada reservada, mientras un guía de voz metálica traduce a códigos seguros e inteligibles toda esa vida que palpita en la distancia, empaquetada, esterilizada, tras los cristales del autobús.

NO-SER o SI-SER aquella que se deja empapar e imbuir por la vivencia. Utilizar el proceso artístico para indagar, curiosa, entre los ismos del siglo que me ha tocado vivir o sobre los miedos íntimos y pequeños que todos arrastramos, escondidos, entre las uñas. Los activismos, los debates sociales y personales a los que nos aboca esta marea en la que nos hayamos inmersos. La raíz de la creación como fuente de conocimiento, el aroma del pulso vital proclamando con un susurro, a voz en grito:

Aquí soy y Aquí estoy

pero…

¿Quién y Dónde?

y sobre todo

¿Con quién y de qué manera?

¿Se puede viajar sin crecer? ¿Capturar lo bello, lo anecdótico, la imagen ya reconocida? Una imagen que mostrar a los amigos al volver, el recuerdo que no es tal, el viaje virtual por un espacio en el que en realidad jamás he estado, un espacio que tan sólo pisé o pisoteé descuidadamente.

¿Se puede crear sin crecer? ¿Sin despojarse una y otra vez del cascarón que usamos como salvaguarda y muralla? ¿Se puede crear perpetuamente como si encarnásemos cazadores de espejismos? ¿Un vivir por, para y dentro de la imagen sin trascenderla? Un arte persecutorio de la belleza reconocida, con la que estemos de acuerdo nosotros y los que consideremos los nuestros. Un arte sin ningún fin REAL salvo autoalimentarse para consumirse.

Viajar a través del arte significa, para mi, abrirse en canal y permitir que el arte viaje a través de uno. Y de ese viaje nacen ¿Cuántas cosas valiosas? Belleza y productos artísticos tangibles. Valor, calidad, mérito e insignias. Reconocimientos y especulaciones.

¿Cuántas cosas valiosas nacen? Cuestionar

la mente,

el espíritu,

el corazón,

la estética, la propia y la ajena,

la fealdad,

la sinrazón y la razón,

la luz y la oscuridad,

la riqueza y la pobreza,

destruir contínuamente.

Alumbrar, tras todas esas capas polvorientas que se posan sobre nosotros, año tras año, para vislumbrar, al fin, un destello antiguo procedente de un espacio sagrado, oculto nadie sabe dónde, hace tanto tiempo, que nadie sabe cuándo. Permitir, por fin, que se despeñe sobre nosotros la frase tan esclarecedora como enigmática: “Quizás sea eso, crear. Tan sólo eso: recordar lo que ya sabía antes de nacer.”

Un viaje accidentado, una tierra sin caminos. Eso es para mi EL ARTE. Si sólo quedan palabras grandilocuentes y tesoros de academia, imágenes hermosas, acumulación de vivencias ¿Qué clase de viaje he hecho? Me veo entonces, como un turista cazador, con elefantes disecados en la memoria de mi cámara digital, tras haber mirado, sin tan siquiera ver, a ÉSE, EL GRAN ANIMAL. Soy El Turista-Experto-En-El-Arte-De-Cazar-En-La-Sabana-Sin-Mirar-Ni-Una-Sóla-Vez-A-Los-Ojos-Del-Kilimanjaro.

Si viajo a través de ese país, que es como LA LLUVIA, y no se me cala hasta los huesos derritiendo certezas una y otra vez,

¿Qué clase de viaje he hecho?

Pilar Ageitos

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